Las exclamaciones de admiración y delicia con que era recibido el descubrimiento de cada envoltorio!
dijo el viejo suspendiendo la tarea y alzando los ojos.
La familia rodeó la lumbre y empezó a charlar: las muchachas y la madre siguieron su labor.
Estaban próximas a cerrar, con las puertas entornadas; pero a través de las rendijas daba gusto mirar.No puedo irritarme contra él aunque quiera.Beberé a su salud por ti y por ser el día que es -dijo la señora Cratchit-, no por.El dedo se dirigió de la tumba a él y de él a la tumba.Pues ambos habían sido tal osos de peluche grandes para regalar para cual.El frío de su interior le helaba las viejas facciones, le amorataba la nariz afilada, le arrugaba las mejillas, le entorpecía la marcha, le enrojecía los ojos, le ponía azules los delgados labios; hablaba astutamente y con voz áspera.Quizá se lo haya dejado a su sociedad.
Por qué se sintió lleno de alegría cuando los oyó desearse mutuamente felices Pascuas al separarse en los atajos y en los cruces, para marchar a sus respectivas casas?
Que eran perfectos, los llevaba desnudos, como los miembros superiores.
Que sea un placer o una fatiga.Pero como, sin duda, a quienquiera que se le aplicaren, encerraban una lección secreta dirigida a su provecho, resolvió tener en cuenta cuidadosamente toda palabra que oyera y toda cosa que viese, y especialmente observar su propia imagen cuando apareciera, pues tenía la esperanza.Pero como sé que vuestro propósito es procurar mi bien y como espero ser un hombre diferente de lo que he sido, estoy dispuesto a acompañaros con el corazón agradecido.Supongo -dijo uno de los caballeros, consultando una lista-: Tengo el honor de hablar al señor Scrooge o al señor Marley?Y Scrooge salió gruñendo.Es Fezziwig, vuelto a la vida!No hay nada malo en ello.Que oiga yo otra de esas manifestaciones -dijo Scrooge- y os haré celebrar la Navidad echándoos a la calle.Con gran admiración, y con extraño e inexplicable temor, vio que la campanilla empezaba a oscilar.Veíanse algunos afelpados caballitos que trotaban montados por muchachos, quienes llamaban a otros chiquillos que iban en tílburis y en carros del país, guiados por agricultores.Y lo mismo hizo Topper cuando llegó.



Media hora, Espíritu, sólo media hora!